Que yo sea una admiradicta de la vida rural literaria, de los pueblos, de -y esta expresión me gusta mucho- la gente antigua, del lenguaje coloquial, del lenguaje, como se dice en catalán, tal com raja, así, como viene, no me impide saborear de forma objetiva esta novela entrañable y tierna enmarcada en uno de esos escenarios que me sacan de una realidad, un tiempo y una ciudad tan alejados. No se miente si se dice que es la conversación de una madre y una hija, o se dice que, a propósito de eso, se explican muchas más cosas. No se miente. Sin embargo, creo que el argumento es mucho más extenso que eso. Y la protagonista es tan imprescindible como sustituible. Es una historia narrada en primera persona, sin embargo, esa voz que pertenece a una mujer, a la hija de ese diálogo, desaparece por completo y, si no se piensa mucho, hasta se puede olvidar por qué se está hablando de lo que se está hablando: por qué Purillo, por qué el viejo Balotta, por qué Magna María, por qué Barba Tomaso, por qué Mario, por qué Gemmina, por qué Raffaella, por qué, finalmente, Tomasino. Se olvida la voz porque deja de ser importante, se crea una lejanía que ya ese diálogo que al principio parece tan central y tan origen y tan centro, se convierte en la excusa, en el telón de fondo. Vivir en libros, vivir en aire. Catálogo y cesta de la compra, a la izquierda. Envíos gratis en España.
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domingo, 25 de octubre de 2009
Las palabras de la noche, Natalia Ginzburg
Que yo sea una admiradicta de la vida rural literaria, de los pueblos, de -y esta expresión me gusta mucho- la gente antigua, del lenguaje coloquial, del lenguaje, como se dice en catalán, tal com raja, así, como viene, no me impide saborear de forma objetiva esta novela entrañable y tierna enmarcada en uno de esos escenarios que me sacan de una realidad, un tiempo y una ciudad tan alejados. No se miente si se dice que es la conversación de una madre y una hija, o se dice que, a propósito de eso, se explican muchas más cosas. No se miente. Sin embargo, creo que el argumento es mucho más extenso que eso. Y la protagonista es tan imprescindible como sustituible. Es una historia narrada en primera persona, sin embargo, esa voz que pertenece a una mujer, a la hija de ese diálogo, desaparece por completo y, si no se piensa mucho, hasta se puede olvidar por qué se está hablando de lo que se está hablando: por qué Purillo, por qué el viejo Balotta, por qué Magna María, por qué Barba Tomaso, por qué Mario, por qué Gemmina, por qué Raffaella, por qué, finalmente, Tomasino. Se olvida la voz porque deja de ser importante, se crea una lejanía que ya ese diálogo que al principio parece tan central y tan origen y tan centro, se convierte en la excusa, en el telón de fondo.
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