jueves, 1 de agosto de 2013

Las lágrimas de San Lorenzo, Julio Llamazares

Alfaguara, 2013

Esta novela es un deshilar recuerdos a partir del motivo de las estrellas, que da cohesión al relato. El autor mira al cielo estrellado en compañía de su padre, precisamente la noche de San Lorenzo, cuando se puede ver cada año la lluvia de estrellas de las Perseidas; el autor mira, ahora con su hijo, el cielo estrellado la noche de San Lorenzo, muchos años más tarde y en un lugar muy lejano. Cuando era un niño, a la muerte de su abuelo (mientras miraba al cielo; ese mirar al cielo estrellado es como el hilván que une las escenas principales de la novela), le explicaron que los muertos se convierten en estrellas que brillarán mientras piense en ellas. La fugacidad de las estrellas es, pues, menor que la de la vida y cuando miramos al cielo estrellado todas esas personas nos reclaman.

«(...) la noche de San Lorenzo está llena de fantasmas y de sombras, de murmullos que vienen del otro mundo y que reclaman su recuerdo en este.»

Recuento de una vida a la manera caprichosa del recuerdo, sin un orden lineal ni lógico, sin progresión (no es, pues, muy narrativo: no hay argumento). Solo recuerdos que se deshojan y vuelven una y otra vez en círculo y, siempre, ese cielo que no cambia.


Por otra parte, gran parte de la novela está escrita en imperfecto, tiempo verbal que conlleva valores de ralentización, iteración (algo repetido en el pasado, como el used to en inglés) y que sirve en una narración clásica tan solo de fondo al pasado simple, el de la acción (veni, vidi —aquí, algún problemilla que solventar construirá propiamente el argumento—, vici). Tanto recordar y sustraerse a la linealidad del tiempo(convencional, sí) hace que se abra la realidad como un abanico multiplicando una imagen y sacándola del tiempo de la historia. Provoca una sensación de irrealidad. Hay algo fantasmagórico en el recuerdo, algo de sueño.

«(...) aquella playa ibicenca cuyo nombre, Salada, no olvidaría porque en ella descubrí que la memoria no era una debilidad, sino, al contrario, la única patria de las personas que, como yo, hemos renunciado a todas.»

Esta novela tiene un ritmo repetitivo y circular, como queda dicho, y nos deja la impresión que ha de dejar al propio narrador-personaje esa vida que recuenta de una falta de sentido en la existencia que se vuelve al recuerdo como en un intento de aprehender algo, ese algo que se nos escapa, se nos escapa...

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