Afuera, en las calles de un Macondo nuevo y todavía sin pisar, el resto del pueblo: expectante, chismoso, satisfecho, como si la muerte del médico les perteneciera. Asomados a las ventanas, exhibiendo su alegría, su impaciencia. Y en sus puños, en todos, lo mismo: que nadie entierre a ese hombre malvado, que nadie le dé paz en la eternidad, que vague sin consuelo, que se marche, pero que se quede. En la primera página, con la voz confusa e infantil del niño, cogemos el primer hilo de esta historia maldita y adictiva y, con la ayuda de su madre y de su abuelo, empezamos a recoger el ovillo de Macondo, todo lo que se sabe y no se cuenta, todo lo que se cuenta sin saber. Es probable que yo leyendo me sintiera ahogada y mareada por el aire arenoso y sucio que levanta la hojarasca debido a la edición rancia y llena de polvo que le tomé prestada a una vieja que no conocí ni tendré oportunidad de conocer. Y es igual de probable que me hubiera sentido así de todas formas con un libro nuevo que llevara la misma tensión y el mismo misterio encerrado en un solo hombre temido y repudiado por todos. Un hombre necesario como puede ser un médico. Un hombre insignificante y humano como puede ser un médico, un hombre, ahorcado en su habitación.
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sábado, 17 de octubre de 2009
La hojarasca, Gabriel García Márquez
Afuera, en las calles de un Macondo nuevo y todavía sin pisar, el resto del pueblo: expectante, chismoso, satisfecho, como si la muerte del médico les perteneciera. Asomados a las ventanas, exhibiendo su alegría, su impaciencia. Y en sus puños, en todos, lo mismo: que nadie entierre a ese hombre malvado, que nadie le dé paz en la eternidad, que vague sin consuelo, que se marche, pero que se quede. En la primera página, con la voz confusa e infantil del niño, cogemos el primer hilo de esta historia maldita y adictiva y, con la ayuda de su madre y de su abuelo, empezamos a recoger el ovillo de Macondo, todo lo que se sabe y no se cuenta, todo lo que se cuenta sin saber. Es probable que yo leyendo me sintiera ahogada y mareada por el aire arenoso y sucio que levanta la hojarasca debido a la edición rancia y llena de polvo que le tomé prestada a una vieja que no conocí ni tendré oportunidad de conocer. Y es igual de probable que me hubiera sentido así de todas formas con un libro nuevo que llevara la misma tensión y el mismo misterio encerrado en un solo hombre temido y repudiado por todos. Un hombre necesario como puede ser un médico. Un hombre insignificante y humano como puede ser un médico, un hombre, ahorcado en su habitación.
2 comentarios:
Si hay algún libro que quieres que reseñemos y no está en nuestro archivo, dínoslo. A lo mejor alguna de las colaboradoras se lo ha leído y puede escribir sus impresiones, o, si no, quizá directamente lo añada a su lista de pendientes y lo acabe leyendo. Escríbenos tu propuesta. Y no dejes de decirnos todo lo que se te pase por la cabeza.
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Esta fue la primer novela de Gabó. Cuando la leí se me "voló la cabeza", como decimos por aquí.
ResponderEliminarPermitime agregar que Gabó escribió esta genialidad inspirado en "Mientras agonizo",de un grande de la "lost generation":William Faulkner.
Qué bien que me lo cuentas, Rayuela. Gilda siempre dice que me parezco a Gabo. Y también me han dicho más de una vez que Bergai se parece a Mientras agonizo y a Pedro Páramo, por la temática. Y Gabo escribió esta primera novela suya con veintipocos años, como los que yo tengo. Y ahora vienes tú y me coses todas esas puntas deshilachadas, encajando las piezas, completando un puzzle mío.
ResponderEliminarQué bien que me has recordado esa gran novela, seguro que la reseño, a ver qué tal se me da.